Polseres Vermelles es una serie catalana creada por Albert Espinosa y dirigida por Pau Freixas que he estado viendo estos días.
La primera vez que supe de la existencia de Albert Espinosa fue en la película No me pidas que te bese porque te besaré, dirigida por él. En ella, y junto al magnífico Eloy Azorín, interpretaba a un personaje al que le faltaba media pierna. Mi ingenuidad me llevó a un pensamiento extraño: “¡qué bien lo hace este hombre! No se nota que tiene el resto de pierna escondido detrás”. Mi sorpresa recayó cuando le vi en un plató de televisión y no actuaba, sino que le faltaba media pierna. Ahí fue cuando me enteré de su historia. Cuando reaccioné, le escuchaba hablar y no podía parar de reírme; tiene una risa muy muy muy pero que muy contagiosa. Cuenta chistes, anécdotas e historias y hace que nos las olvides. Es más, puedo afirmar que Albert Espinosa tiene la increíble capacidad de crear un mundo imaginario tan real y sensible que hace que te sumerjas en él y no sepas dónde estás.
Y desde aquel día en el que le vi en televisión le he seguido los pasos. Esta última aventura que he visto sobre él, Polseres Vermelles, ha sido todo un reto para mi; sabía a lo que me enfrentaba, sabía que era Albert quien presentaba la historia (y si eres tan sensible como yo eso es un gran peligro), sabía el asunto de la serie (que me afecta de manera especial) y también sabía que estaba grabada en catalán. Bueno, pues he de decir que no ha sido tan traumática como yo esperaba, he entendido todas y cada una de las conversaciones del hospital y he sabido crear ese mundo en el que si yo ahora mismo cojo el autobús y voy al hospital, aunque sea uno de Madrid, creeré que las Polseres Vermelles están allí y eso amigos, es una cosa maravillosa.
Polseres Vermelles narra la historia de un grupo compuesto por seis personas (de derecha a izquierda): el Roque, el imprescindible; el Ignasi, el guapo; el León, el líder; el Jordi, el segundo líder; el Toni, el listo y la Cristina, la novia, cuyas vidas se cruzan en la convivencia de todos ellos en el mismo hospital debido a diversas circunstancias. Allí formarán el grupo de las Pulseras Rojas, en el que tendrán que unirse, llorar, gritarse, ayudarse y amarse y despedirse como puedan. Todos juntos forman un microcosmos único en el que vivirán experiencias que no vivirían fuera, en sus casas, con sus otros amigos, con sus padres. Y todo eso les hace crecer infinitamente como personas y llegan a darse cuenta de que las Pulseras siempre permanecerán unidas pase lo que pase y marche quien se marche porque cada uno de los miembros es insustituible.
Tan sólo la idea de cada uno de los personajes y de las Pulseras ya es algo emotivo, pero unido a ello, aparecen pequeñas historias que se entrecruzan y que son vividas de manera especial; enamorarse, no ser correspondido, enfadarse, luchar contra una enfermedad, organizar excursiones, votar sobre una decisión importante… y perder a un amigo. Las cuatro fases que existen cuando se pierde a un ser muy querido están descritas perfectamente en la serie y da qué pensar.
Destacar unas cuantas cosas más: las miradas de los personajes impresionan muchísimo tratándose de gente tan joven, la agudeza y la sensibilidad con la que se tratan las diferentes enfermedades, el significado de la amistad, el valor que conlleva enfrentarse a las cosas que no queremos, que odiamos, que nos hacen mal, las piscinas enormes y profundas que rebosan de agua, los altos trampolines que no inspiran confianza, la simplicidad de la vida cuando sabes apreciarla… todos esos detalles y más que se quedan en mi mente, son el símbolo que identifican a esta serie como obra de Albert Espinosa sin ninguna duda y que te hacen sufrir por los personajes y amarles tanto o más como si existieran de verdad en alguna parte de este mundo.
He llorado muchísimo viendo la serie, pero he llorado por la cercanía que representa, por las circunstancias que explica y por el mero hecho de aceptar que son historias verdaderas.
He aprendido varias palabras catalanas y me ha gustado mucho.
He soñado con la piscina y he imaginado cosas y sucesos imposibles.
En definitiva, yo he sido una Pulsera Roja indirecta en algún momento de la historia y me ha gustado. Ahora sólo espero con ilusión otra segunda temporada de esta pequeña maravilla catalana.
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